Hasta antes de Galileo Galilei se había sostenido que la Tierra permanecía
quieta y el Sol y los demás planetas giraban en torno de la misma. Pero Nicolás
Copérnico había demostrado que el Sol era el centro del sistema y la Tierra y
los planetas se movían alrededor de él.
Galileo defendió las teorías de Copérnico, que estaban en oposición con ciertos principios sostenidos por la Iglesia; por eso fue citado ante el Tribunal de la Inquisición. Galileo se vio obligado a afirmar, pese a sus íntimas convicciones: “Creo que las ideas de Copérnico son erróneas y por tal las tengo”. Parecía que el organismo de censura eclesiástica había triunfado, pero, según se afirma, Galileo exclamó en voz baja: “Eppur si muove” (“Y sin embargo se mueve”), refiriéndose a la Tierra. Parecía el fin, de una heroica lucha sostenida por Galileo, para defender la libertad de pensar de todo investigador, porque él no vio oposición alguna entre los hechos comprobados por la ciencia y el orden establecido por Dios, y determinó que inclinarse ante la ciencia no implica necesariamente negar la suprema sabiduría divina, sino intentar humildemente interpretarla.
Galileo Galilei pasó en paz sus últimos años, trabajando en Florencia; aunque amenazado por la sordera y casi ciego, realizó nuevos descubrimientos hasta su muerte. Falleció en el año 1642.
“Y sin embargo se mueve” será siempre el símbolo de la manifestación del espíritu libre del hombre, en su búsqueda de la verdad.
Galileo defendió las teorías de Copérnico, que estaban en oposición con ciertos principios sostenidos por la Iglesia; por eso fue citado ante el Tribunal de la Inquisición. Galileo se vio obligado a afirmar, pese a sus íntimas convicciones: “Creo que las ideas de Copérnico son erróneas y por tal las tengo”. Parecía que el organismo de censura eclesiástica había triunfado, pero, según se afirma, Galileo exclamó en voz baja: “Eppur si muove” (“Y sin embargo se mueve”), refiriéndose a la Tierra. Parecía el fin, de una heroica lucha sostenida por Galileo, para defender la libertad de pensar de todo investigador, porque él no vio oposición alguna entre los hechos comprobados por la ciencia y el orden establecido por Dios, y determinó que inclinarse ante la ciencia no implica necesariamente negar la suprema sabiduría divina, sino intentar humildemente interpretarla.
Galileo Galilei pasó en paz sus últimos años, trabajando en Florencia; aunque amenazado por la sordera y casi ciego, realizó nuevos descubrimientos hasta su muerte. Falleció en el año 1642.
“Y sin embargo se mueve” será siempre el símbolo de la manifestación del espíritu libre del hombre, en su búsqueda de la verdad.

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